En qué consiste el arte japonés de las ataduras eróticas?
Se trata de una práctica erótica proveniente de Japón basada en la inmovilización del cuerpo de una persona. Pero no solo es evitar que el cuerpo pueda moverse, sino que este arte sigue principios técnicos y estéticos utilizando cuerdas.
De la tortura al placer
Hacia finales del período Edo aparece la primera documentación sobre el Shibari propiamente dicho, en forma de imágenes, donde se muestra el uso de la cuerda con fines eróticos. En el castillo de Matsumoto se pueden encontrar los primeros dibujos señalando el paso del Shibari de técnica marcial y de tortura a práctica de refinada sensualidad. La documentación sobre el Shibari japonés anterior a ese momento es muy escasa, aunque se menciona en la literatura popular.
El paso de la brutalidad medieval al refinamiento del arte erótico se dio de forma gradual durante el siglo XIX y llegó a su cumbre gracias a la influencia del pintor Itoh Seiyu, llamado el “padre del Kinbaku”. Itoh Seiyu absorbió estas influencias y las combinó con su propia tendencia por los juegos eróticos de dominación y sumisión (lo que hoy conocemos como BDSM), lo que dio nacimiento al arte del Shibari.
En una sesión intensa de Shibari se liberan endorfinas, euforia, morfina y adrenalina que provocan estados alterados, incluso se puede llegar a un estado de trance conocido como “Rope space”. Esto ocasiona soltura de tensión muscular, respiración profunda y disminución en la percepción del dolor. Para quienes están atados, la experiencia es profunda y maravillosa. Se la describe como algo similar a “volar”.
Esto suele suceder cuando la energía entre las personas que realizan la práctica fluye, hay conexión, se busca ese placer y se busca llegar a esos estados.
Pero… todo lo que sube tiene que bajar. Luego de una sesión tan intensa, baja el nivel hormonal, desaparece la adrenalina y la euforia y eso puede provocar diferentes cosas a la que debemos estar atentos para poder calmar y contener
